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En España nos cuesta mucho abrazar ciertas tendencias, sobre todo en ámbitos creativos, cuando se trata de trabajar para marcas. Pero parece que al final está calando algo que ya tiene cierta solera, el branded content, es decir, ese contenido que, creado para una marca, dista mucho de ser una publicidad o un reportaje para ser una obra artística en sí misma.

Uno de los primeros casos más sonados que recuerdo en el campo audiovisual fue el de The Hire a principios de los 2000. Se trataba de una serie de cortometrajes realizados para BMW por directores de primera línea de Hollywood (Tony Scott, Ang Lee, John Frankenheimer, Guy Ritchie, Alejandro González Iñárritu…) con un personaje como única unión, el conductor interpretado por Clive Owen, que en cada corto pilotaba como el demonio alguno de los coches estrellas de la marca. El resultado, para aquella época pre-YouTube, fue de 11 millones de espectadores y un aumento en ventas de un 12% respecto al año anterior. Todo por no anunciar un coche, sino contar una historia ambiciosa con él. Repetirían la experiencia años después recuperando al personaje el corto The Escape de Neil Blomkamp.

En España ya llevamos unos años en los que vemos a marcas como Estrella Damm producir cortos dirigidos por gente como Alejandro Amenábar o J.A. Bayona, o a directores como Daniel Sánchez Arévalo labrarse un perfil paralelo al de su carrera en cine como realizador de cortos (es en el corto donde se dio a conocer con los primeros Notodos) para marcas como Oikos de Danone, Gas Natural. A ellos se están uniendo también gente como Kike Maíllo, Borja Cobeaga, Alberto Rodríguez o Jonás Trueba.

En definitiva, que una de nuestras líneas de trabajo como realizadores empieza a consolidarse porque ya no basta con anunciar una marca, sino que hay que revalorizarla y hacerla más cercana al consumidor generando contenidos que aportan cultura y entretenimiento, no un “¡Eh! ¡Mírame! ¡Compra esto que te estoy enseñando sin sutileza!”. Vivimos en una época donde la gente está harta de que le vendan descaradamente las cosas y, a la vez, es un momento donde se consume más audiovisual que nunca a través de plataformas cada vez más alejadas de la televisión tradicional. ¿Por qué limitarte a aportar un buen producto a un cliente cuando puedes, además, añadir un vínculo emocional y creativo entre él y tu marca? Cuesta quitarse de encima una dinámica de décadas de decir “lo mío es lo mejor” y pronunciar o mostrar la marca cada dos segundos, pero simplemente pensad en vuestra propia experiencia como espectadores y cuánta atención prestáis a la publicidad convencional y cuánta a aquellas obras que os enganchan bien a nivel emocional, bien por originalidad o porque os provocan carcajadas de verdad.

Aquí os dejo, para terminar, algunos ejemplos de branded content como ejemplo de lo creativo, rico y variado que puede ser este mundo aún en pañales pero que empieza a ser esencial.